PEKIN, AGOSTO 2, 2018.- Google está preparando una aplicación móvil de su motor de búsqueda específica para el mercado chino que censurará los resultados de acuerdo con la voluntad y las reglas de las autoridades del país asiático, que mantienen un férreo control sobre lo que sus ciudadanos pueden ver en Internet. Según el medio The Intercept, citando fuentes anónimas de la empresa y documentos internos, el gigante tecnológico estadounidense lleva meses trabajando en el proyecto, que ya ha sido presentado a Pekín y está pendiente de recibir la autorización del Gobierno chino.

Ni la propia empresa ni las autoridades chinas han confirmado unas conversaciones que, de fructificar, supondrían la vuelta de Google al país con más internautas del mundo, del que decidió salir en 2010 porque, en palabras de su entonces vicepresidente ejecutivo, David Drummond, “la autocensura es un requerimiento legal no negociable”. El actual equipo directivo, dirigido por Sundar Pichai, habría apostado por retomar el negocio en el país aunque esto suponga acatar unas normas tan o más duras que las que les obligaron a salir hace ocho años. Pichai se reunió con un alto cargo del Gobierno chino en diciembre del año pasado y desde entonces habría acelerado el proyecto, según The Intercept.

El periódico local China Securities Daily desmintió este jueves las informaciones procedentes de medios estadounidenses y aseguró que “teniendo en cuenta el contexto internacional y doméstico, es poco probable que Google vuelva a China a corto plazo”, citando como fuente a “departamentos relevantes”. La aprobación debería llegar de la Administración del Ciberespacio de China, el organismo regulador competente, cuyo principal responsable ha sido relevado esta misma semana.

El proyecto, apodado Dragonfly, se basa en una aplicación móvil para Android que automáticamente identificaría y filtraría las páginas web y palabras claves eliminadas por el sistema de censura chino, popularmente conocido como la Gran Cibermuralla. Cuando un usuario realice una búsqueda en la que se han suprimido algunos resultados aparecería un mensaje de aviso. Su versión final podría lanzarse entre los próximos seis y nueve meses, si Pekín diera finalmente el visto bueno al producto.

La Cibermuralla china bloquea actualmente el acceso a Google y a prácticamente todos sus servicios, incluido YouTube, así como a otras redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram. También son inaccesibles desde el país las páginas web de varios medios de comunicación, entre ellos la de El País. En las redes sociales chinas, un sofisticado algoritmo y un ejército de censores controlan los contenidos continuamente y eliminan aquellos considerados ilegales, desde violencia y pornografía a consignas políticas contra el Partido Comunista o de defensa de los derechos humanos y las libertades individuales.

Además, una nueva ley de ciberseguridad obliga a las empresas tecnológicas a almacenar los datos obtenidos de sus usuarios en China en servidores que se encuentren en territorio de este país. Apple ya se plegó a estas y otras demandas y cedió la información a una empresa de propiedad estatal y, por ende, al Gobierno chino. Otras, como Microsoft o LinkedIn, han sucumbido a los requerimientos legales de Pekín desde el principio.

Google operó en China entre 2006 y 2010, también bajo el yugo de la censura de las autoridades. Pero finalmente decidió trasladar sus servidores y operar desde Hong Kong, una región administrativa especial de China en la que sí existe la libertad de información. Durante estos ocho años, Google ha lanzado algunos productos en China continental como su servicio de traducción o de almacenamiento de documentos y ha colaborado con socios locales en, por ejemplo, la venta de hardware.

La intención de volver a China con su negocio principal, o al menos de intentarlo, refleja el dilema al que se enfrentan la mayoría de grandes tecnológicas extranjeras: o hacer concesiones para lograr el acceso o no entrar. Las autoridades chinas, a su vez, conscientes del enorme poder de negociación que otorga contar con unos 750 millones de internautas, no se han movido ni un ápice en sus demandas de ejercer un control draconiano sobre los contenidos. Durante los años en los que Google ha estado fuera, el competidor local Baidu ha afianzado su liderazgo como principal motor de búsqueda del país, con una cuota de mercado de alrededor del 70%.

Reacciones

Durante la madrugada de ayer, las reacciones se han multiplicado en EE UU. Según relata Business Insider, algunos empleados de Google han manifestado su extrañeza y su enfado ante esta posible decisión. El senador Marco Rubio tuiteó que leer sobre los planes de Google en China es “muy perturbador”. “¿No van a ayudar al Departamento de Defensa a mantenernos seguros pero sí a China para eliminar la verdad?”. El senador hace referencia a la decisión de la compañía de no colaborar con el desarrollo de armas autónomas.

Desde Amnistía Internacional consideran que si finalmente Google lanza este servicio bajo los términos de las autoridades chinas será “un día negro para la libertad en Internet”. “Que el mayor buscador del mundo adopte tales medidas sería un ataque grave a la libertad de información y de Internet. Al poner las beneficios económicos por delante de los derechos humanos, Google establecería un precedente escalofriante y le daría una victoria al gobierno chino”, asegura en un comunicado Patrick Poon, investigador en Hong Kong de la organización.

Con información de EL PAIS