TIJUANA, SEPTIEMBRE 8, 2019.- La sonrisa bien puesta, casi permanente, como si fuera tatuada. Pero ante todo, la bondad por delante, los atributos del Doctor Salvador “Chavo” Bustos Pérez, te hacían sentir apreciado, querido, amado. Lo despedimos este sábado 7, en medio de aplausos, lágrimas y bellísimos recuerdos.

Aaaaah! no pasa nadaaa! decía para  tranquilizar, adormecer la angustia, el dolor. Era un antídoto para las penas que curaba con un buen chiste, con su presencia. Era para sus pacientes en el consultorio el mago que desaparecía la preocupación de la vida cotidiana. Dentista de profesión, amado por su familia, fue el hombre que a los niños (hoy convertidos en hombres) les dio su tiempo, su atención y cariño, ese era Tío El Chavo, un ser amoroso con los demás y un adorador de su familia. El Chavo no creía en los problemas, ni en las recriminaciones.

Nació en Mexicali, en medio de una gran familia, el 21 de diciembre de 1953.

En el templo donde acudió en cenizas, sus cientos de amigos se hicieron presentes para abarrotar la Iglesia del Espíritu Santo y lanzaron sus mejores deseos en este paso de la vida terrenal a la espiritual donde todos sabemos que se ha unido con los otros amados que se adelantaron en esta vida temporal.

Todos comprendimos que ese hijo, hermano, tío, papá, esposo, abuelo cumplió con una misión de lo más difícil, se un hombre bueno, un hombre bondadoso que sigue viviendo en las piezas dentales de quienes atendió con amor en su consultorio y no llegó a cobrar incluso un solo centavo por su trabajo profesional.

Franco, amable, divertido era Chavo quien por su nobleza, todos comprendimos que tenía ganadas las puertas del cielo. En la misa de Tijuana asomaban las lágrimas de nostalgia al recordar su presencia, sus ojos alegres atrás de sus gafas negras, sus frases casuales y su afición por hacer el bien.

Su sobrino Erick Bretón Bustos lo describió de maravilla al término de la ceremonia religiosa:

Mi sensei, mi compañero de pesca, mi amigo, mi confidente, mi Tío Chavo

¿Qué se sentirá ser el más querido de la familia?

¿Qué se sentirá haber dejado una vida de amor en el paso termporal de esta vida?

¿Qué se sentirá ver de frente a Dios?

Descansa en Paz, Tío Chavito (Diciembre, 21, 1953 – Agosto 26, 2019)

Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
Cuando un amigo se va,
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.
Cuando un amigo se va,
una estrella se ha perdido,
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.
Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
y se empieza a rebelar,
el duende manso del vino.
Cuando un amigo se va
galopando su destino,
empieza el alma a vibrar
porque se llena de frío.
Cuando un amigo se va,
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.
Cuando un amigo se va,
se queda un árbol caído
que
Los que lo conocimos y disfrutamos sabemos hoy que estábamos frente a un hombre de bendición, pero fuimos a veces incapaces de reconocer, sino hasta ahora su mensaje de familia de paz y alegría para todos.
Bendiciones Tere Ibarra, Apai, Gisel
Ti@s: María, Jorge, Chata, Bertha y Memo.
En el cielo lo recibirán: Edmundo, Jaime y sus padres Don Edmundo Bustos Ramírez y Esther Pérez de Bustos.
Los que faltan en esta sencilla lista, algún día nos reuniremos, sin prisas porque en realidad: No pasa nadaaaaa!

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